Ojo de loca no se equivoca
Muchas personas tenemos la habilidad (me incluyo) de detectar a quienes comparten la misma preferencia sexual, unos los llamamos vulgarmente “cuecometro” otros “gaydar”; pero lo cierto es que cuando salimos del closet o andamos en el mismo negocio el “olfato” se afina y logras distinguir más fácilmente a tu gremio. Las lesbianas siempre tendremos un momento en el que buscamos reconocer quien es y quien no, por la razón que sea.
Como nadie sabe exactamente cómo funciona, en esencia el concepto se hace vago. Puede ser un conjunto de rasgos que sólo nosotros reconocemos, una especie de chip orgánico que nos permite identificarnos entre gays o algo que enciende una alerta al acercarse a otro gay.
Este radar resulta ser más un mito que una realidad. A no ser que sea muy notorio, muchas veces hay gente que pasa por nuestras narices y no sospechamos y mucho menos detectamos su condición, así como ellos tampoco nos detectan a nosotros. Es posible que el radar identifique en otro algo que uno mismo haría. Muchas veces es divertido poder notarlo sin que otros lo sepan.
Si el “cuecometro” existe, este se basa en el análisis que cada uno tenga del lenguaje corporal de los demás y la forma como la conciencia se va dando cuenta de esos detalles ocultos en el resto de la gente. La forma cómo mira una mujer a la otra es crucial, cuánto tiempo le dirige su atención, la forma como habla, los movimientos del cuerpo. Una lesbiana que puede captar esos detalles y se encuentra en dicha sintonía, cuenta con un radar activo y en pleno funcionamiento.
Se debe estar en contacto con otro gay para que este tipo de cosas fluyan. Incluso en personas que no han aceptado
su condición, es normal como de forma natural por pura inocencia o ignorancia, algo dentro de ellas indica o devela cosas que no saben qué son o señales que recibe y da pero no comparte aún con nadie.
Aunque no es una garantía para identificar a otras “chicas” y no se pretende alimentar estereotipos en los que a lesbianas constituyen una colectividad homogénea en sus atributos principales, hay una serie de ingredientes que nos pueden indicar quien es y quien no: la música que escuchan, sus actitudes, la forma como responden a determinadas situaciones, la sensibilidad de sus emociones, la forma como mira a los demás, sus gustos, entre otras.
Actualmente es más difícil porque entre las lesbianas coexiste toda una diversidad de identidades y grupos según las particularidades de cada persona. Los heterosexuales siempre asocian ciertas características o estereotipos a la condición lesbica. Para ellos es más difícil cuando muchos se salen de esas características o clichés. No todas las lesbianas son “camioneras”, o son fans de Madonna, Lady Gaga y no todas van a bares.
Muchos heterosexuales enfrentan una especie de pánico de no poder identificarnos para hacernos a un lado, debido a que no tienen ni tendrán esa intuición que tenemos los gays en este caso. Los homofóbicos más radicales no tienen un radar para detectar homosexuales puesto que sólo detectan lo que pueden ver a simple vista.
Si no quieren llamarlo “gaydar” o “cuecometro”, llámenlo intuición. Pero en mi criterio, ojo de loca no se equivoca. ¿Para ustedes existe el cuecometro/gaydar o no?
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¿Por qué nos tatuamos si produce dolor? Luego a esperar que se cure, poner cremita, si es grande molesta durante días, pero… Que están pensando cuando se hacen un tatuaje, nunca se preguntaron eso? La verdad es que el hacerse un tatuaje es una decisión bastante importante ya que el tatuaje nos acompañara a la tumba, seguro muchos dirán que ahora es posible removerlos con láser, la verdad es que es muy costoso, doloroso y deja cicatriz, por eso les recomiendo pensar bien en lo que tatuaran en sus cuerpos.