Mi historia es totalmente diferente a la de MR y es que de eso se trata esta semana de los diferentes puntos de vista sobre ser Lesbiana y las diferentes vidas que cada una de nosotras lleva. Por mi parte crecí en un hogar con una madre ausente todo el tiempo, mi compañía, mi amigo de infancia y mi maestro para muchas cosas fue mi hermano mayor. Como buena hermana menor le hacía caso en todo y lo admiraba en muchas cosas en las que se destacaba. Era mi ejemplo a seguir. A los dos nos crió una niñera, una muchacha del interior bien humilde que nunca pudo tener hijos y se dedicaba a las tareas domésticas. Nos vestía para ir a la escuela, nos hacia el desayuno, la lonchera nos la preparaba y cuando llegábamos ya estaba la cena lista. Mi mamá una mujer ejemplar, trabajadora, luchadora, se divorcio de mi padre cuando ambos estábamos muy pequeños y supo llevar y mantener el mejor hogar posible para los dos aunque pagando el alto precio de no convivir o compartir muchas cosas con nosotros.
Crecí digamos que un mundo donde lo malo y lo bueno lo aprendí de los errores de mi hermano y de mis propios errores, nadie nunca me dijo como actuar para ser sincera.
A los 12 años tuve mi primer novio, se llamaba José, una persona súper especial, tranquilo, amable en cierto modo, medio afeminado pero yo lo veía cute y lindo porque en verdad tenía hasta un par de manías de mujer, creo que por eso me llamo tanto la atención jaja. Después de él tuve otro novio con las mismas características, la gente pensaba que era gay y me di cuenta que había una tendencia en mi a fijarme en los chicos medio afeminados. Recuerdo que estaba en 2ndo año de la escuela cuando llegó la clásica niña de intercambio. Esta chica venía de los Estados Unidos y se veía que era poco afeminada, deportista y bien “butch”. Me llamo la atención porque por primera vez sentí una especie de compañía y es que aunque tenía poca edad podía y sabía diferenciar entre las niñas femeninas, maquilladas, perfumadas y bien arregladas, y nosotras las más deportistas y las que nos gustaba andar de aquí para allá. De alguna manera la “gringuita” quedo dentro de mi círculo de amistades para ese tiempo, el clan de las que nos encantaba hacer maldades.
Ella un buen día se me acerca y me pregunta de lo más normal como si estuviera hablando con uno de los varones: “¿si pudieras andar
con alguna del salón con cual sería?” me quedé pensando la respuesta porque no sabía si era momento de confesar o aceptar que desde hace mucho me gustaba una chica que estaba en nuestro salón, no sabía si era el momento de expresarlo y sin más titubeo lo dije: “Fulana”. La gringuita se quedo callada un rato y dijo “A mi Petronila”. Solté una risa de alivio, nerviosismo combinado con un poco de entusiasmo y ella una más tranquila y con más picardía. Reconocí en ese momento que efectivamente me gustaban las mujeres y tenía atracción por ellas y lo acepté en cuestión de semanas.
Para no hacerles más largo el cuento, todo pasó muy rápido con Fulana y fue mi 1era pareja mujer desde los 14 hasta los 18 años. Una muy buena experiencia, conocí muchísimo de las mujeres con ella, mi primer amor debo confesar. Nos graduamos, nos distanciamos y ella siguio su vida heterosexual yo seguí mi camino como lesbiana. Tuve varias parejas mientras vivía bajo el techo de mi mamá pero todas camuflajeadas como amigas al momento de presentarlas en público. Hasta el día que conocí una Chitreana que me robo la calma y mi buen sentido de la razón que siempre pudo vencerle a mi corazón pero esta vez fue la excepción. Vivíamos casi juntas hasta que la echaron un día del apartamento donde vivía y se quedo conmigo a escondidas en casa de mi mamá, mi mamá se dio cuenta y nos largo a ambas. Al cabo de unos días llamo me pidió que regresara pero yo decidí que ya era el momento de empezar a vivir mi vida más libremente, una decisión que hasta el sol de hoy me saca lágrimas pero de la que nunca me arrepentiré.
Ese día comenzó toda mi verdadera historia que resultaría cansón contar, digamos que fui desde vivir en una pensión en Ave. Cuba por 3 meses, hasta vivir 6 meses en Chitré, regresé a Panamá y me dedique a trabajar duro para conseguir el apartamento que ahora tengo donde vivo con mi mejor amigo gay. Al final la chitreana se fue y me dejo sola con otro hueco en el corazón pero seguí adelante aunque arrastrándome.
El punto es que, fue fácil darme cuenta y aceptarme porque nunca había sido juzgada por nadie, crecí con una buena autoestima gracias a Dios siempre haciendo lo que me daba la gana, lo que fue difícil fue el momento que mi familia y mi madre me dieron la espalda, aprender a luchar sola para conseguir mis cosas, aprender a sobrevivir, me hizo mucho más fuerte de lo que era, y aunque aún me faltan muchas cosas por lograr, voy por la vida respondiéndole que “SI” a todo aquel que me pregunta si soy lesbiana, por el simple hecho de que tengo lo que tengo por mi esfuerzo y por mi perseverancia.
Ahora todo cambió, toda mi familia lo sabe, todos mis amigos lo saben, soy orgullosamente una lesbiana fuera totalmente del closet y lo mejor que nadie dice absolutamente nada porque el ser independiente te da ese beneficio. Me costó ser feliz y eso me hace 3 veces más feliz. Mi mamá es mi consejera ahora, pues nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, es triste pero es verdad. Y aquí estoy compartiendo mi vida con una excelente mujer y aprendiendo algo nuevo todos los días.
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